Rubén Saavedra, ganador del V Concurso Internacional de Pintura Rápida

Unos 200 artistas participaron en el V Concurso Internacional de Pintura Rápida “José Sabogal Dieguez” Cajabamba 2019. Y Rubén Saavedra Cobeñas, natural de Chiclayo, obtuvo el máximo premio 10,000 soles, trofeo y diploma. desde luego, no es el primer premio de este artista, sino ha logrado ganar otros:
-Ganador del primer lugar en el Concurso Nacional de Pintura Eduardo Saravia (2015),
-Segundo lugar en el Concurso Nacional de Pintura Pedro Azabache (2015)
-Ganador del II Concurso Nacional de dibujo y pintura “Nuevas Visiones” Faber-Castell 2017
-Tercer lugar en el Concurso Nacional de Pintura José Sabogal (2015)
-Finalista en diversos concursos, entre ellos, Imágenes de Vida (2013) y la Bienal de San Marcos (2014).

No recuerda cuándo empezó a dibujar. “Creo que fue cuando aprendí a mover las manos”, nos dice. Sin embargo, su madre conserva el dibujo que hizo de su maestra de nido cuando apenas tenía 4 años, causando sorpresa no solo por el parecido físico con la profesora sino por el nivel de detalle que incluía aretes, pizarra y hasta carpetas.
Cuadro Ganador en el V Concurso Internacional  de Pintura Rápida “José Sabogal  Dieguez” Cajabamba 2019.
Descubrió el color a los 11, cuando su padre le regaló óleos. Entonces, en la biblioteca del colegio, investigó cómo usarlos. Supo que debía pintar en tela y preparar ésta con aceite. Regresó a su casa y usó lo que estaba a la mano: aceite de cocina. En esa, su primera pintura, gastó todo el óleo que “se lo comió la tela”, pues era aceite de linaza lo que debió usar.

En el 2009, después de terminar el colegio en su natal Chiclayo, Rubén Saavedra Cobeñas viajó a Lima decidido a estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Pero el destino le jugó una mala pasada, pues la escuela había sido cerrada por huelgas y problemas internos. Además, Lima le pareció una ciudad muy violenta, por lo que decidió volver a Chiclayo, ingresando a la universidad para estudiar arquitectura. Viniendo de una familia de ingenieros que se resistía a que estudiara pintura, fue un alumno destacado de dibujo. Recuerda que le importaba más la estética que la funcionalidad. En una ocasión sacó la más alta nota por el dibujo de una casa cerca de las ruinas de Túcume. Pero un compañero le hizo notar que el profesor –probablemente llevado por la estética impecable– olvidó un pequeño gran detalle: la casa no tenía baño.

Un año antes de terminar arquitectura decidió que lo suyo era la pintura y que a eso quería dedicar su vida. Ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Trujillo. A sus 24 años, Rubén, aún un estudiante singular con premios múltiples y exposiciones colectivas en Perú, México, Ecuador y Chile.

A diferencia de muchos que pasan por un largo proceso de búsqueda, la pintura de Rubén empezó tempranamente a brillar con luz propia y estilo definido, primero pintando personajes autóctonos sacados de mitos. Más adelante, ocurriría algo que le hizo dar un giro en su obra. Hace poco más de un año, un día entró “en trompo y rayó” con pintura blanca un cuadro recientemente terminado.

Pasada la crisis, se sentó en su taller frente al cuadro y visualizó lógica, armonía y orden en medio del caos de líneas blancas con las que pretendió destruir su obra. Fue entonces que hizo su primer cuadro con cintas de moebius, hoy un sello característico de su obra. También decidió incluir y experimentar con láminas de oro, plata, bronce y cobre pegados en el lienzo, logrando originalidad y luminosidad única.
Rubén, terminó  su carrera el 2018 en Trujillo y está ya dando que hablar y es una de las promesas de nuestra prolífica plástica.

Fuente: Caretas
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